Seguro que ya sabes que el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, visita Sevilla en los próximos días… sí lo sabes, imposible no saberlo, y seguro que también sabes que como pasara en Bienvenido Mr. Marshall, mítica película de Luis García Berlanga de la década de los 50, la revolución en la ciudad está montada. Una revolución distinta, más soterrada, nada de banderitas en balcones ni confeti llenando el aire. Ahora, como no podía ser de otra manera, se trata de una revolución con un toque digital. La idea es llenar las redes sociales de “memes” de Mr. President, en cualquier circunstancia y lugar. Un todo vale en versión online. Todo sevillano parece tener derecho a apropiarse del presidente y llevárselo a montar en barca a la Plaza de España o a los toros a La Maestranza y después publicarlo en Facebook. Y parecen además que han sido los primeros… Bueno, todo bien. abuse contacts . Internet no tiene dueño o tiene demasiados ¿no? Pues adelante.

Pero en esta lucha de egos digitales, nosotros tenemos una posición de privilegio y la vamos a usar. Un as en la manga de esos que cogen polvo y ansía el momento de ser protagonista. Y ese momento ha llegado. Y es que llamarnos Casablanca, esa residencia donde algunos dicen que el Sr. Obama dirige el mundo, debe servir para algo ¿no crees?

Por eso hemos decidido enviarle una carta de invitación a nuestra casa, “su otra casa”, -la cual adjuntamos aquí– para que nos visite y descubra como es la cocina tradicional andaluza, el encanto de un local típicamente sevillano y pruebe una cerveza fresquita que alarga la vida. Estaremos encantados de recibirle, a él y al Rey Felipe VI con quién paseará por el centro de nuestra ciudad y cuyo padre ya nos visitó hace unos años y nos lleno de orgullo. Ahora queremos un orgullo más internacional, no tanto patrio, pero igual de gratificante. La pelota está en el tejado de la “otra” Casablanca, ahora sólo esperamos, a diferencia de lo que ocurrió en la famosa película que se menciona en este escrito, que la comitiva estadounidense se pare a nuestra puerta y no pegue la “espantá” como ocurrió entonces.

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